LA GUERRA DE INDEPENDENCIA.

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Por Jaime Orozco Parejas, Cronista Municipal

  VISIÓN PANORÁMICA. 

La guerra de independencia en México fue el gran movimiento armado que nació y fue creciendo a la par del siglo XIX. Este acontecimiento marcó en final de la vida colonial y el principio de lo que sería, al menos ideológicamente, un país independiente. 

Las noticias que llegaban de Europa habían comenzado a influir en la sociedad novohispana. La intromisión de Napoleón III en el gobierno de España resultado del ataque realizado a la Península Ibérica en marzo de 1808,  obligó al rey Carlos IV a abdicar a favor de su hijo Fernando VII. No obstante, ambos fueron apresados en Francia desde el mes de mayo, con el propósito de que el control de la Corona Española fuera tomado por José Bonaparte, hermano de propio  Napoleón. 

El difícil entorno europeo, debilitaría sustancialmente el control sobre las colonias americanas por parte de España. El descontento social que se vivía en la Nueva España,  aunado a la presión generada por la  desigualdad económica, la vergonzosa clasificación en castas,  el despotismo con el que los europeos  veían a los criollos y  la necesidad de éstos  de tener una identidad propia, formaron las bases con las que se inició el despliegue del movimiento de independencia. 

La zona que actualmente pertenece al Estado de México, fue testigo del paso del pequeño ejército que comandado por Hidalgo, marchó hacia la Ciudad de México. El cura de Dolores llegó a Toluca en octubre de 1810, procedente de San Felipe del Progreso e Ixtlahuaca, lugares que habían tocado de paso en su trayecto insurgente. Fue ahí que recibió la noticia de que había sido excomulgado por el arzobispo de México, el obispo de Valladolid y el tribunal de la Santa Inquisición, acusado de ser enemigo de la religión católica.

En octubre de 1810, las huestes de la insurgencia llegaron a Toluca, para posteriormente dirigirse a la zona montañosa,  aledaña a la capital virreinal. El temor se apoderó de sus habitantes, tras la confirmación de que los seguidores de Hidalgo y Allende se encontraban en el Monte de las Cruces, el cual  era uno de los caminos  de entrada a la capital a través de las poblaciones de Lerma, Chimalpa y Naucalpan. 

El 30 de octubre, tras la confirmación de la presencia de Hidalgo en el Monte de las Cruces, con un ejército de ochenta mil hombres y una defensa realista de tan solo 3,000 militares, las autoridades virreinales no dudaron en poner bajo resguardo a la Virgen de Los Remedios, al prever que los insurgentes tomaran por el camino de las montañas y pudieran robar la imagen de su santuario.

En el Monte de Las Cruces, los insurgentes de don Miguel Hidalgo derrotaron al ejército realista al mando del coronel Torcuato Trujillo, el 30 de octubre de 1810 en la primera y decisiva batalla que consolidó el prestigio del movimiento de independencia. Después de este estrepitoso triunfo, se ignoran las causas del por qué los insurgentes decidieron no tomar la capital,  se especula que posibles desacuerdos entre Hidalgo y  Allende pudieran haber sido la causa.

En 1811, el virrey Francisco Javier Venegas ordenó la formación de ciertas milicias locales que defendieran la seguridad de sus localidades. Este servicio militar se conoció como las “Compañías de Patriotas”, “Fieles Realistas Defensores de Fernando VII”. 

Los miembros de estas compañías eran sirvientes en las haciendas cercanas y aunque se enlistaban de forma voluntaria, podían obtener del gobierno colonial su uniforme, tal y como lo suplicaban los de la compañía de Tacuba y Azcapotzalco.

En Naucalpan no se desarrolló ninguna de las contiendas decisivas de este conflicto, pero  existieron incursiones de armas en diferentes puntos de los que hoy es nuestro municipio. Estas incursiones se habían presentado desde 1811, en lugares como Río Hondo y Echegaray, lo cual puso en alerta a las tropas patrióticas de Azcapotzalco. El 29 de febrero se giró un escrito para informar a las autoridades virreinales que según varios testigos, “multitud de enemigos” venían bajando desde la hacienda de Santa Mónica y la de Echegaray, por lo que las Tropas Patrióticas ya estaban en alerta. 

Este capítulo de la historia de México concluye del 24 de febrero de 1821 hasta el 27 de septiembre de ese mismo año, cuando el Ejército Trigarante al mando del ex realista Agustín de Iturbide, entra triunfal  junto con Vicente Guerrero a la Ciudad de México. El contingente, compuesto por los soldados del General Iturbide ya convertidos y los insurgentes que aún quedaban, avanzó por la actual calle de Madero en el Centro Histórico hasta alcanzar la popular plancha del Zócalo.

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La época colonial fue formativa para la zona de Naucalpan. Lo importante de este periodo radica en varios elementos: el primero de ellos es la edificación de las hermosas capillas de los pueblos, así como del magnífico santuario de Los Remedios, patrimonio cultural de los mexicanos en general, y de los naucalpenses, en particular. Además, durante este lapso se pusieron los cimientos de lo que sería la organización de nuestro municipio en adelante, a través de las elecciones que llevaban a cabo anualmente los pueblos de indios para elegir alcaldes, regidores y gobernador. 

Asimismo, el periodo colonial sentó las bases para el establecimiento de las haciendas y ranchos de los que actualmente sólo sabemos su nombre. Estas unidades productivas pudieron fortalecerse gracias a los recursos naturales con los que cuenta Naucalpan, así como por el aprovechamiento de su cercanía con la ciudad de México. 

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